Und noch ein Zug in China

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Texto en español🇦🇷
Fast 1200 Kilometer geht es heute mit dem Zug nach Süden Richtung Guangzhou. Das wird die letzte größere Zugstrecke auf unserer Reise von Helsinki bis in den chinesischen Süden. Rund 12000 Kilometer sind wir dann insgesamt mit der Bahn gefahren.

 

Wir verlassen das wunderschöne Shanghai kurz nach zehn und machen es uns, so gut es geht, für die kommenden neun Stunden gemütlich.

 
An diesem Sonntag sind die meisten Dauertelefonierer offenbar zuhause geblieben, die Geräuschkulisse bilden heulende Kinder. Und dazu schimpfende Mamis. Manchmal auch Papis. Mit anderen Worten: es ist wieder viel los in der 1. Klasse.
 
Zum Lärm kommen noch die geballten Düfte Asiens: Tütensuppen werden mit Teewasser scharf gemacht, Nudeln aufgewärmt, seltsame Fertiggerichte verzehrt. Dazu rasen wir mit 300 km/h an Reisfeldern vorbei, lernen und vergessen Namen von riesigen Städten, sehen viele, viele Kraftwerke und Fabriken. Alles, was man aus Glas, Stahl und Beton bauen kann, wird hier auch gebaut. Tolle Architektur neben Plattenbau, Omis Häuschen zwischen Wolkenkratzern.
 
So interessant die Zugfahrt ist, so ermüdend ist sie auch. Endlich kurz nach sieben in Guangzhou angekommen, wollen wir nur noch ins Hotel. Vom Bahnhof sind es fast 20 Kilometer bis in die Stadt. Der Bahnhof selbst ist natürlich auch wieder ein gigantisches Bauwerk…
 
Das „Paco Hotel Zoo“ klang ganz gut, ist es auch. Beim check-in spricht mich ein Typ an, dessen Wurzeln ich in Afghanistan vermute. „Woher kommt Ihr denn aus Deutschland?“ Er und sein Kumpel, die hier in China eindeutig Geschäfte machen, kommen aus Kaiserslautern. „Die schöne Pfalz, weißt du?“ Die beiden empfehlen noch ein indisches Restaurant. Chinesisches mögen sie überhaupt nicht. Blöd in China…
 
Unser Zimmer im 12. Stock ist groß, im Fernsehen gibt es gefühlte 1000 Sender – alle chinesisch. 
 
Wir gehen noch einmal vor die Tür, essen kurz in einem Kanton-Nudel-Imbiss eine Schüssel Suppe mit Dumplings. Weil es kein Bier gibt, kauft Juan nebenan im Supermarkt zwei Dosen. Das ist hier alles kein Problem, man gibt uns sogar Gläser.
 
Danach schleichen wir nur noch ins Hotel und gucken ein bisschen chinesischen Fußball, bis uns der Kopf dröhnt. Morgen werden wir mal sehen, wie sich die Marktszene in dieser riesigen Stadt entwickelt hat.
 
Hoy viajamos casi 1200 kilómetros en tren hacia el sur en dirección a Guangzhou. Este será el último gran viaje en tren desde Helsinki hasta el sur de China. Luego habremos viajado unos 12.000 kilómetros en tren. Salimos de la hermosa Shanghai poco después de las diez y nos ponemos cómodos lo mejor que podemos durante las próximas nueve horas.

Este domingo en el tren, la mayoría de los habladores permanentes por teléfono se quedaron en casa, el pasaje sonoro está formado por niños aullando. Y las mamás que los retan. A veces los papás también. En otras palabras, están pasando muchas cosas en primera clase otra vez.

Además del ruido, están los olores concentrados de Asia: las sopas en bolsa se calientan con agua de té, los fideos calentados, las comidas preparadas extrañas. Pasamos por campos de arroz a 300 km/h, aprendemos y olvidamos los nombres de grandes ciudades, vemos muchas, muchas centrales eléctricas y fábricas. Todo lo que se puede construir de vidrio, acero y hormigón también se construye aquí. Gran arquitectura junto a edificios prefabricados, la casita de la abuela entre rascacielos.

Así como tan interesante encontramos el viaje en tren, así de cansados también estamos. Por fin llegamos poco después de las siete a Guangzhou, sólo queremos llegar al hotel. Está a casi 20 kilómetros de la estación de tren de la ciudad. La estación en sí, por supuesto un edificio gigantesco nuevamente….

El „Paco Hotel Zoo“, el nombre suena bastante bien y parece bueno también. Durante el check-in se me acerca un tipo cuyas raíces sospecho que están en Afganistán. „¿De dónde son ustedes, de Alemania?“ Él y su amigo, que claramente hacen negocios aquí en China, vienen de Kaiserslautern. „El hermoso Palatinado, ¿sabes?“ También recomiendan un restaurante indio. No les gusta nada la comida china. Un poco tonto en China…

Nuestra habitación en el piso 12 es grande, hay 1000 canales en la televisión – todos chinos.

Volvemos a salir al rato a la calle , tomamos un tazón de sopa con albóndigas y un poco de fideos de cantón. Como no hay cerveza, Juan compra dos latas en el supermercado de al lado. Eso no es un problema aquí, incluso nos dan vasos.

Después de eso, nos vamos al hotel y vemos un poco de fútbol chino. Mañana veremos cómo se han desarrollado los mercados en esta gran ciudad.

 
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