Kuala Lumpur und der Vogelpark

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Texto en español🇦🇷
Der letzte Tag in Kuala Lumpur. Er ist wie aus dem Südostasien-Bilderbuch in der Regenzeit: tief hängende Wolken in allen Grauschattierungen, Temperaturen um die 30 Grad und die Luftfeuchtigkeit wie ein nasses Handtuch. 

 
Es wäre wohl das beste, den Tag im Pool zu versenken, aber dieser innere Schweinehund kommt heute nicht durch. 
 
Mit der Metro geht’s zur Nationalmoschee, die bis zu 13000 Menschen fassen kann und damit natürlich die größte ihrer Art in dieser Gegend ist. Irgendwie haben wir uns mit der U-Bahnstation ein bisschen verschätzt. Der Weg vom Zentralmarkt ist deutlich weiter. Als wir endlich völlig durchgeschwitzt ankommen, erfahren wir, dass die Moschee bis nachmittags geschlossen bleibt. Ganz toll…
 
Nach unserem Plan liegt der Vogelpark, an dem wir mit unserer Sightseeingtour vorbeigekommen waren, quasi um die Ecke. Dem ist nicht so. Auf Nachfrage erfahren wir, dass er etwa zwei Kilometer entfernt bergan liegt. Bei normalen Temperaturen kein Drama, bei diesen heute mörderisch.
 
Ich winke ein Taxi heran, das uns für 3 Euro vor die Tür fährt. Im Park, der für malaiische Verhältnisse mit 12 Euro pro Ticket teuer ist, geht es weiter auf und ab. Allerdings gibt es in dieser größten Freiflugvoliere der Welt viel zu gucken. Damit die zahlreichen Piepmätze nicht abhauen, wurden neben dem riesigen Maschenzelt Schleusen eingebaut, durch die man von Abteilung zu Abteilung kommt. Da heute ein Feiertag ist, sind viele Familien unterwegs. Die Vögel haben keinen leichten Tag.
 
In einer Höhe lege ich eine Pause ein, weil dort für 18 Ringgits, also dreifuffzich, eine zehnminütige Fischlein-Pediküre angeboten wird. Während sich die kleinen Putzer um meine in Russland und China erlaufene Hornhaut kümmern, sammeln sich ganze Familien um das Fischbecken und mich. Es werden unzählige Fotos von uns beiden geschossen, ein ganz mutiger Inder probiert die Pediküre dann unter dem Beifall der Umstehenden ebenfalls aus. Seine Frau guckt, als habe man ihn ins Piranha-Becken geworden, für die fünf Kinder ist er ein Held…
 
Mit schönen Füssen also weiter durchs Gehege. Wir gucken die abenteuerlichsten Piepmätze aus aller Welt an. Lange nicht alle dürfen sich hier frei bewegen, für viele wurden noch Extra-Käfige gebaut.
 

Entkräftet lassen wir uns ins Taxi fallen, fahren zurück ins Apartment und gehen direkt in den Pool. Was für ein schöner letzter Tag in Malaysias Hauptstadt. Leider müssen wir noch das Gepäck klarmachen, aber es nützt ja nichts. Morgen wird der Wecker um fünf klingeln und ab geht’s zum Airport.

 

El último día en Kuala Lumpur. Es como el libro ilustrado del sudeste asiático en la estación lluviosa: nubes bajas y colgantes en todos los tonos de gris, temperaturas alrededor de los 30 grados y la humedad como una toalla mojada.

Probablemente sería mejor hundirse el día en la piscina, pero en nuestro interior hay algo, que no deja que cumplamos ese plan tan cómodo.

Con el Metro nos dirigimos a la Mezquita Nacional, que puede albergar hasta 13.000 personas y es por supuesto, la más grande de su tipo en esta zona. La estación de metro en la que bajamos para ir a la mezquita, se ve que no era la correcta o como nosotros creíamos. Caminamos y caminamos desde el Mercado Central y al final llegamos sudados y sin aire. Finalmente nos enteramos que la mezquita permanece cerrada hasta la tarde hoy, no sabemos el motivo.

De acuerdo con nuestro plan, el parque de aves por el que habíamos pasado con nuestro bus turístico, está prácticamente a la vuelta de la esquina. Pero no es así. Preguntamos a alguien y nos informan que está situado a unos dos kilómetros cuesta arriba. A temperaturas normales no hay drama, con está temperatura es morirse.

Paramos un taxi que nos llevara por tres euros. El parque, que es caro según los estándares malayos a 12 euros por billete, tiene subidas y bajadas en su recorrido. Sin embargo, hay mucho para ver, es el parque de vuelo libre más grande del mundo. Para evitar que los pájaros se escapen, se instalaron esclusas entre las distintas tiendas o jaulas de malla, parecidas a las de un circo, que componen todo el parque. Como hoy es día de fiesta, hay muchas familias con niños caminando. Los pájaros no tienen un día fácil. Hay especies no solo del sur de Asia, de todo el mundo.

Me tomo un descanso a esa altura del paseo, porque ofrecen un tratamiento de pedicura de pescaditos. Diez minutos por 18 Ringgits. Mientras los pequeños limpiadores se ocupan de mis pies, que han sido destruidos en Rusia y China, familias enteras se reúnen alrededor de la pecera y yo, sentada con mis pies adentro. Se toman innumerables fotos. Un indio muy valiente también prueba la pedicura con aplausos de los espectadores. Su esposa reacciona y mira como si lo hubieran metido en una pecera llena de pirañas, para los cinco hijos es un héroe….

Así que con hermosos pies continuamos a través del parque. Miramos infinidad de pájaros de todo el mundo. No a todos se les permite moverse libremente, han construido jaulas adicionales para muchos de ellos.

Luego tomamos un taxi en la puerta del parque, donde vemos una familia de monos paseando libremente. Volvemos al apartamento y nos dirigimos directamente a la piscina. Qué hermoso último día en la capital de Malasia. Desgraciadamente, todavía hay que preparar el equipaje. Mañana sonará la alarma a las cinco y nos vamos al aeropuerto.

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