Bonjour, Shanghai

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Texto en español🇦🇷
Was für ein netter Abend mit Christian! Nach einem Besuch in seiner Wohnung, nur eine Ecke vom Glitzer entfernt und mitten im “richtigen” China, haben wir richtig gut gegessen: Dumplings (Sauce mit frischem Ingwer, Essig und Soja), spicy Gurkensalat, schwarze Pilze, Babyspinat mit viel Knoblauch, Süppchen – ein Genuss!

 

Noch ein night cup in einem Expat-Laden in einer Nebenstraße der Nanjing E – rundum gut mit tollen Gesprächen!

 

Theoretisch hätten wir im Gegensatz zu Christian ausschlafen können, sind aber auch schon wieder vor Sonnenaufgang putzmunter. Nach Trödelei und Frühstück kaufen wir für 45 yuan pro Ticket 3-Tages-Metrokarten und können damit 72 Stunden die rund 300 km U-Bahnstrecken, verteilt auf 16 Linien, nutzen.

 

Der erste Weg führt unterm Fluss durch nach Pudong zum Shanghai Science and Technology Museum. Allerdings sind wir Kunst-Banausen, denn das Museum kennen wir schon. Ebenso den riesigen Fake Market an dieser Station, aber genau der ist das Ziel. Unbeirrt von den ganzen Mädchen, die einen zum Kauf verleiten wollen wie einst die Girls auf dem Kiez in Hamburg, machen wir uns auf die Suche.

Wir wollen weder gefälschtes Gucci noch Nike oder Ralph Lauren, wir brauchen einen Koffer. Einer der Trolleys ist schon arg mitgenommen und bleibt deshalb in China. Das neue Modell soll etwas größer sein, damit wir darin unsere für Russland so wichtigen Jacken unterbringen können. Adieu Handgepäck, aber einige der nächsten Streckrn werden wir fliegen und den Krempel aufgeben. Unterwegs in die Tropen werden wir warme Klamotten kaum brauchen.

Wir finden einen ganz guten Koffer, peitschen den Preis bis zur Schwindelgrenze nach unten (Juan überlegt mal wieder, ob er nicht einfach so tun sollte, als kennte er mich nicht) und fahren das medium-size-Stück zurück ins Apartment.

 

Was nun kommt, ist ein Ausflug in die alte Welt, in die ehemalige französische Konzession. Natürlich geht es dahin zu Fuß. Wie weit kann das schon sein? 4, 5 Kilometer? Doch ein bisschen weiter, aber ein interessanter Weg. Im People’s Park sehen wir Zockern zu, bewegen uns immer weiter Richtung Frankreich.

Vieles erinnert bis heute an die wilden 1930er Jahre, in denen französische Kaufleute, Diplomaten und Banker hier zuhause waren. Koloniale Bauten im besten Jugendstil, ein bisschen art déco, dahinter typische lane houses (das ist die Shanghai-Entsprechung der in sich abgeschlossenen Peking-Hutongs).

Platanen bilden viele Alleen, in kleinen Straßen wird Einzelhandel betrieben, die großen Avenuen wurden natürlich längst von schillernden Malls erobert. Aber der Mix aus altem Europa und klassischem China sorgt für eine ganz besondere Atmosphäre. 

Einige Ecken erinnern uns sehr an Buenos Aires, andere ans südliche Manhattan. Hier kann man stundenlang spazieren gehen, in einem der zahllosen Strassencafés herumsitzen und sich einfach nur fühlen wie Gott in Frankreich. Das tun hier sehr viele Westler, die Shanghai besuchen oder Expats, die hier leben. Zusammen mit unzähligen Chinesen ergeben sie ein buntes Völkergemisch, das ständig auf der Flucht vor Motorrollern und verrückten Autofahrern ist.

Wir essen irgendwo ein fast echtes Baguette und wandern weiter, bis ich  streike: Ich kann einfach nicht mehr. Die nächste Metrostation ist unsere, ein bisschen Ausruhen ist angesagt.

 

¡Qué linda noche pasamos con Christian! Después de una visita en su apartamento, a sólo unos pasos de una zona muy animada y moderna, en medio a su vez, de la „verdadera“ China, comimos muy bien: Dumpling (algo así, como un raviol relleno) con salsa con jengibre fresco, vinagre y soja, ensalada de pepino picante, setas negras, espinacas tiernas con mucho ajo, sopa – ¡una delicia!
Tomamos luego unos tragos en un bar en una calle lateral de Nanjing East, conversando entretenidamente.

Teóricamente, podríamos haber dormido hasta tarde, contrariamente que Christian que tiene que trabajar, pero ya estamos despiertos antes del amanecer. Después de desayunar, compramos billetes de metro para 3 días por 45 yuanes por billete y los podemos usar durante 72 horas en los aproximadamente 300 km de líneas de metro repartidas en 16 líneas.

El primer metro nos lleva bajo el río a través de Pudong hasta el Museo de Ciencia y Tecnología de Shanghai, que ya lo conocemos de otro viaje, también está en esa misma estación, el enorme Mercado Fake y para nosotros hoy el es nuestro destino.
Las chicas que en cada puesto quieren conseguir clientes, nos persiguen en nuestro camino de búsqueda.

No queremos Gucci, Nike o Ralph Lauren falsos, necesitamos una maleta. Una de las nuestras está muy dañada y por lo tanto se queda en China. El nuevo modelo debería ser un poco más grande para que podamos meter en él nuestras camperas, que fueron tan importantes para Rusia. Le diremos adiós al equipaje de mano, pero en algunos de los próximos tramos volaremos y entregaremos el equipaje para que lo lleve. En el camino por el trópico, no necesitaremos ropa de abrigo.

Encontramos una maleta bastante buena, negociamos el precio hasta el límite imposible (Juan piensa de nuevo si no debe fingir que no me conoce) y llevamos la maleta mediana de vuelta al apartamento.

Lo que hacemos más tarde es una excursión a la antigua Shanghai, la zona que era hace bastantes años, la Concesión francesa. Por supuesto que lo hacemos a pie. ¿Cuán lejos puede estar eso? ¿Cuatro, cinco kilómetros? Un poco más lejos, pero interesante por el camino. En People’s Park observamos a jugadores de fútbol y seguimos avanzando hacia Francia.

Mucho recuerda todavía a los salvajes años 30, cuando los comerciantes, diplomáticos y banqueros franceses se encontraban aquí en casa. Edificios coloniales en el mejor estilo Art Nouveau, un poco art deco, detrás de las típicas casas de callejón (este es el equivalente en Shanghai de los Hutongs de Beijing, antiguas casas pobres, que están algo protegidas de las nuevas urbanizaciones).

Los plátanos forman muchas avenidas, las calles pequeñas se utilizan para la venta al por menor, las grandes avenidas han sido conquistadas desde hace mucho tiempo por centros comerciales deslumbrantes. Pero la mezcla de la vieja Europa y la China clásica crea una atmósfera muy especial.

Algunos rincones nos recuerdan mucho a Buenos Aires, otros al sur de Manhattan. Aquí puedes caminar durante horas, sentarte en uno de los innumerables cafés de la calle y sentirte como Dios en Francia. Muchos occidentales que visitan Shanghai o expatriados que viven aquí hacen lo mismo. Junto con un sinnúmero de chinos forman una colorida mezcla de pueblos que está constantemente huyendo de los scooters y los conductores locos.

Comemos una baguette casi real en alguna parte y seguimos caminando hasta que me siento tan cansada, que no puedo más. La siguiente estación de metro es nuestra, hay que descansar un poco.
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